José Maldonado

KAABA. Círculo en una ronda

11/19/2019 - 09/22/2019 Valencia

AURAL participa en la séptima edición de ABIERTO VALENCIA, que tendrá lugar desde el 19 al 22 de septiembre. Evento organizado por LaVAC, con motivo de la inauguración del comienzo de la temporada artística de las galerías de arte contemporáneo de la Comunidad Valenciana.

Un año más Aural, desplazada de su sede en Alicante, ubicará un proyecto específico del artista José Maldonado bajo el título Kaaba. Círculo de una ronda* en la Sala Zero del Centre del Carmen, gracias a la colaboración del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

(La) Kaaba, en árabe al-ka’ba, el dado o el cubo, es una construcción en forma de prisma rectangular enclavada en el centro de la mezquita Masjid al-Haram en La Meca, Arabia Saudita. Es un lugar sagrado de peregrinación religiosa.

 

e entiende, en términos de religiosidad islámica, que es “la casa de Dios”, sin embargo, tanto la Kaaba como la piedra negra, un fragmento de roca meteórica situada en la esquina sur exterior del prisma, no son objetos de adoración del islam. Lo adorado es una cosa otra…

En cualquier caso, la Kaaba es un objeto que sustituye a otro, conteniéndolo en sí, y protegiéndolo de toda visión y de toda luz.

La Kaaba es una construcción quimérica realizada por Adán con zafiros y rubíes para honrar (adorar) a su creador, y que fue salvada de las aguas del diluvio universal por el propio artífice de todas las cosas, en un acto de pre-visión inmanente (propio de su obscuridad futura).

Más tarde Dios, quizás el mismo, ordenó a Abraham construir una nueva casa, esta vez más humana, de piedra, para ubicar en ella el corazón del hombre (del ser humano). Pero esta casa devino lugar para aún una cosa otra más, muchas, y en ella se practicó la idolatría (la etimología
de ídolo1 nos sorprenderá en cierto modo). La Kaaba llegó a contener el corazón de un hombre dividido en cerca de los 360 ídolos de las diferentes tribus árabes, politeístas2 por tanto.

Más tarde, en una nueva sustitución, se reformó la construcción y fue cubierta con una tela negra (fuscum subnigrum) que es objeto de limpieza cada año. La construcción, su estructura e interior, es ocultada a la vista de los creyentes. Un volumen entelado, una especie de monolito obscuro indica el lugar de la fe, pero también el lugar de toda curiosidad, de la pura transitividad y del potencial de acreción de lo desconocido (la idea que nos hacemos de ello, lo oculto en la obscuridad)

El viaje a la Kaaba supone una peregrinación de ida y vuelta, un tipo de orbitación, efímera en lo físico, pero eterna en lo espiritual. En lo orgánico, un dejarse atrapar casi inevitable; en lo espiritual, un anhelo imposible de colmar. Al menos una vez en la vida es requerido ir a La Meca y realizar el ritual de relación con el objeto vacío que representa lo más humano (ídolo y poiesis). Cubo de sombras (lleno con el corazón del hombre y/o la energía espiritual del hacedor). Un ritual (Tawaf) que requiere dar siete vueltas en sentido anti horario, como si de una galaxia de carne y salmodias se tratase, con la única intención de mostrar la unión y el flujo orbitante y pulsante de los creyentes en el culto al dios único, la fe de ellos en él o en ello: la imagen y la idea que se hacen, nos hacemos, de cualquier cosa y de la cosa misma.

 

El proyecto Kaaba, círculo en una ronda*, sigue tratando de reflexionar sobre el potencial de sentido que subyace en la idea de conjunto vacío y su relación con la orbitación de los sujetos/objeto en torno a tal vacío (conjunto o ídolo) y su poder de atracción, acreción, para generar itinerariosfallidos, transiciones de ida y vuelta, movimientos en ralentización o inquietud de del cuerpo y el alma… perímetros de sentido y superficies de relación y contacto efímeras o imposibles, altas concentraciones de sentido ( Ø, Galería Aural, 2016, y Atlas Elipticalis, Galería
Helga de Alvear, 2018). En Kaaba, la ausencia de semiosis viene dada por panoramas negros que ocultan un interior que, sin embargo, es capaz de reflejar su no-contenido y su pura estructura a través de una superficie pulida y esférica (gravedad) que alcanzamos a ver con  esfuerzo, casi de puntillas. Una superficie en la que también podemos vernos reflejados, a través de resquicios y fisuras, puntos de
contacto, bambalinas, en un interior que tiene poco que ofrecer más allá del mantenimiento de la estructura, de la inevitable curiosidad, cierta luz interior (un cebo), y la necesidad de darle vueltas a un todo que se hace en la mirada y que se reconstruye con sentimientos y razón.
Nada que ver, nada que oír, nada que decir… nada que pensar: una vía de meditación y conocimiento… tal vez. A imagen y semejanza.
Habría que darle otra vuelta al cubo, o volver a lanzar el dado, para que algo tuviese, al fin, como toda respuesta, una pregunta.